sábado, 1 de diciembre de 2007

El concierto de Roger Waters en Lima







Que tal mis amigos ? . Como ustedes recordarán , el pasado mes de marzo , Roger Waters vino a Lima y ofreció un excelente concierto , quizás el mas espectacular que hasta entonces se haya visto por este lugar. Yo acudí al mismo y deleitado por tan magno evento decidí escribir una crónica . Una simpática revista de jóvenes responsables de la UP me ofreció publicarla , pero al final los galifardos me dejaron con el rabo entre las piernas . Hoy desperte con algo de nostalgia , y me pareció que era buena idea rescatar este texto del cajón del olvido y publicarlo en esta , la página del Buen Amigo .




Esto es lo que para mi significó la llegada del Aguas a nuestra ciudad . Mas vale tarde que nunca . Recordar es volver a vivir .




Roger Waters



El pasado lunes 12 de marzo, el concierto que Roger Waters ofreció en Ate, significó sin duda alguna, el espectáculo artístico de mayor trascendencia que las audiencias rockeras de nuestro país hayan podido observar.

Para mí fue muy especial. Junto a los Beatles, los Stones y otros más, Pink Floyd es una de las experiencias musicales que mas impacto ha tenido en mi vida. Sin embargo, por alguna razón, los deje un poco de lado hace buen tiempo. Quizás porque ya no eran solo míos como cuando estaba en el colegio y escuché por primera vez El Lado Oscuro De La Luna. ¡Tremenda declaración de principios el Dark Side Of The Moon! Un icono cultural imprescindible del siglo que se fue y seguramente la cúspide grupal de la banda.



El concierto de Waters, significó precisamente mi reencuentro con Pink Floyd. Waters, Gilmour, Mason y Wright. El loco diamante recreando nubes de color desde el cielo y Roger, siempre cerebral como emisario de la banda, ahora que ya grupalmente no existen.


La puntualidad con que se dio inicio al show fue de la mano con la gran organización. Una enorme pantalla en el centro del escenario recreando figuras en tercera dimensión. La misma daría paso al simbólico ejército de martillos de The Wall, última gran obra de la banda, con Waters como eje principal teniendo en cuenta que la mayoría de temas fueron escritos por él en sentido autobiográfico.



El frenético riff de “In The Flesh” fue la introducción perfecta para una gran noche. Estaba frente a nosotros uno de los grandes mounstruos de la música, el pesimista del rock n roll, como algunos osados le suelen llamar.

La excelente cohesión lograda por Waters y sus músicos, una calidad de sonido superlativa y cada uno de los juegos de luces y colores, enloquecieron al mas afiebrado fanático y también a todo aquel, que sin resistir al “concierto del año “, asistió entusiasmado a la explanada del Monumental.


A “In The Flesh” le siguieron verdaderos clásicos. La enternecedora “Mother”, “Wish You Were Here”, “Set the Controls for the Heart of the Sun” y su espacial languidez. En fin, el momento de mayor emotividad se dio con “Shine On Your Crazy Diamond”, el máximo tributo al primer líder de la banda. Syd Barrett, genio atribulado que se perdió en su viaje y dejo la banda a sus anchas, a inicio de los 70s.


En ese instante se me vinieron a la cabeza recuerdos. Como la primera vez que leí sobre Pink Floyd en una vieja revista de variedades. “Dicen que hay 3 maneras de alterar la conciencia. Una es ingresando al aprendizaje en un templo budista, la segunda es con el consumo de alucinógenos, la tercera escuchando a Pink Floyd”- afirmaba el artículo. A la semana estaba comprando mi primer disco compacto de la banda. Tendría 14 años y quedé destrozado por la temática de sus canciones .Yo comenzaba a cambiar y me sentía alienado, entre todos los hombrecitos que tenían claro su rol entre el fútbol y las chicas. Waters y compañía me hablaron de locura, aislamiento y amor; desde estructuras jamás conocidas. Esa sensación de misterio, de no saber lo que viene, es una marca registrada de Pink Floyd que estremeció mi sensibilidad desde un inicio.


Siguieron algunos temas, entre los cuales destacaron dos de Waters en su etapa solista. Ambos con mordaz crítica a Bush y su tira de malandrines. Sobrevoló encima nuestro el gigantesco chancho, que la banda comenzó a usar en los conciertos del disco Animals . Fue la gran atracción.

Terminado esto, la audiencia y los músicos se dieron un receso de algunos minutos. Lo que venía después era el plato fuerte de la presentación. El Dark Side Of The Moon tocado en su totalidad.


Pero ¿Por qué es tan importante el Dark Side Of The Moon?


La respuesta es simple. El álbum representa un quiebre musical muy fuerte en el ámbito universal y en el seno de la banda. Para 1973 –año de su edición- Pink Floyd continuaba un marcado proceso evolutivo en el que había abandonado la multicolor psicodelia de sus inicios para dar paso a una postura mas pretenciosa y libre , que ahondaba mas aún en sus característicos devaneos experimentales . En el Dark Side Of The Moon, el concepto de “banda propiamente dicha” reaparece. Con temas mas compactos que sin perder el desparpajo y la amplitud de obras anteriores, adquieren un sentido musical mas organizado.

La temática es otro punto clave para entender la importancia de este trabajo. Desde el primer latido en “Breathe” hasta el apoteósico final de “Eclipse, ” podemos sumergirnos en un viaje interior por los hechos y contrahechos que componen la vida de un ser humano . Si Pink Floyd a finales de los 60s, era el secreto musical mejor guardado de muchos, después del Dark Side Of The Moon pasa a tener la –a veces odiosa – etiqueta de “banda de culto”. Innova el panorama musical de gran manera por su ingenio instrumental y las novedosas maneras en que fue grabado, gran mérito de Alan Parsons (productor de Pink Floyd en ese entonces) .Waters resume el disco como una manifestación de empatía social, política y cultural. Lo cierto es que a nivel comercial el Dark Side Of The Moon, significo también el gran despegue de la banda, manteniéndose en el tope de los más vendidos durante años.


Se prendieron nuevamente las luces. Mis amigos y yo estábamos impacientes. En Stand Up era casi impuesto desfogar la emoción con coléricas –pero justificadas- reprimendas a la gente de los asientos, que no precisamente se mantenía sentada.



Con “Breathe” se develó el motivo principal del acontecimiento. Como en los auriculares soñados, se comenzaron a desplazar alrededor nuestro las risotadas, las voces, los mil veces repetidos párrafos al unísono. Seguramente cada uno identificando ese pequeño momento, que sale del cajón de la memoria cuando la música sirve de profesora y compañera. Llegaría “Run” con los efectos de las cintas en pleno. Velocidad y engranajes. Paradas en brusco para llevar mas allá a los cosmonautas en trance. Cuando los relojes de “Time” dieron la hora y el prisma apareció en nuestro delante, ya todo era posible en este enorme “salón”.


Potencia en todo sentido que llegaría a su clímax con “The Great Gig In The Sky”, un ejemplo lindo de cómo la intimidad de melodía y voz, puede generar climas tan diversos en gente de todo tipo. Estos matices son la revelación del lado oscuro, la propia naturaleza que todos poseemos. La célebre interpretación vocal que originalmente inmortalizó una buena amiga de la banda, Clare Torry , esta vez fue ejecutada por una nueva corista que se adueño del tema y del extasiado público.


Cuando mi padre me enseñó por primera vez “Money”, quedé absorto por aquel blues acelerado, tan guitarrero y desenfadado en sus declaraciones. La noche del 12 sentí exactamente lo mismo, solo que ahora tenía mas años y una billetera nada sumisa.


Y así siguieron corriendo los 9 himnos que componen el Dark Side Of The Moon. Era inevitable imaginar a Richard Wright encarnando en sus teclados esa pesadez en jazz que hace de “Us And Them” un punto de contradicción, donde la angustia se vuelve tranquila. “Any Colour You Like” con todos sus recovecos, sinfín de fluidos y guaridas, corroboró todo lo anterior.


El segundo en que ya nada pareció como yo lo creía se dio en “Brain Damage”. La lúgubre voz de Roger Waters, susurrándote al oído lo que nadie se atreve. Las pastillas .Quise llorar porque sentí que este hombre, tan calmado, tan resuelto de andar, se preguntó y sintió lo mismo que yo siento y me pregunto hoy por hoy. Me demolió tanta sinceridad y una vez mas, me sentí identificado, honorable y valiente. Eso al fin y al cabo es el rock n roll para mí.


“Eclipse” desbarató todo. Deslizó, construyó, nos chantó en cara lo que somos, lo que se va y también lo que extrañamos.


Roger Waters toco algunos temas mas, pero para mí el concierto acabó allí mismo. Estaba bien así. Después de todo, cuando me contaron que venía al Perú creí que era un absurdo.


No tengo más que agregar. Los que estuvieron allí y alguna vez sintieron amor por Pink Floyd , saben realmente a lo que me refiero . Roger Waters esa misma noche abandonó estas tierras para continuar su gira latinoamericana. En conferencia de prensa le preguntaron si incluiría quenas en su próxima producción y la ministra Aráoz le regalo su polito de Machu Picchu .

A mi no me firmó un autógrafo en el Sheraton y probablemente me quedé con las ganas. Sin embargo tengo la certeza de haberlo sentido muy cerca , tanto como aquello que esta en mi cabeza pero no se que cosa es.

Afuera en la cola . Con algunos amigos esperando el comienzo . Un día antes se me apareció un fantasma

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