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sábado, 7 de marzo de 2009

YO PRESENCIÉ UN BOOTYFEST

Qué querés que te diga....






¿ Qué es un Bootyfest ? ustedes se preguntaran. Pues bien, un Bootyfest, o siendo sinceros, un Putifest, es la magnífica idea que tuvieron a bien realizar mis viejos compañeros arequipeños de parranda. Me parece que la idea, tan de élite, surgió de las iluminadas cabezas de los locasos del Chiris y el Lil Pueltorikan, Cebollaz Alaín. Estos desgraciados, haciendo gala de un gran ingenio, dieron en el blanco de todo lo que desearía, hoy por hoy, un jóven arequipeño de un verano sin sorpresas. Juntaron a “la gente”, compraron trago en exceso, y reclutaron - cual cinco y medio - a las mollejas mas desprendidas y de ABIERTA índole, que en este sur de la patria hay.

Mi primer Booty fue, apenas llegué de Lima para las fiestas, en el mes de diciembre. Acudí todo ingenuo, todo santo, de la mano de mi amigo el Batracio. Yo al Chiris no lo veía hace tiempo, y muchísimo menos al Cebollín (al cual recordaba de la época del cole, flaquito y timidón). Pues grandísima fue mi sorpresa al pisar el frontis de la vivienda que ocupan en Cayma, y toparme con un soldadito raso, quien luciendo su respectiva cristina de marine, me preguntó cuál era mi nombre y a cuánto ascendía la donación que para los etílicos fondos iba a realizar. Un puta el popeyito. Le respondí que no tenía dinero pero no le causó ninguna gracia. Gracias a dios el Batake fue generoso en prestarme. Ese día, sí bebí hartos shots de tequila "El Charro"(licor oficial del evento). Chanqué mi pecho a lo bam-bam con Cebollaz, conocí a una tigresa amiga del cabezón Jimmy Lopez, a quién ayudado por mi dipsomanía precoz, besé de la manera más bruta y astuta (bien que estuvo riiico...), entoné viejos canturreos de Los Hijos de Nostradamus junto al Batake, y cortavenas serenatas criollas con ese poeta de ojitos rasgados, estiradísima epidermis y apasionadas maneras para expresarse, llamado Luchín. Fue una noche maravillosa, lo juro, y por más que tuvo atizbos de tragedia y abusiva falta de escrúpulos (por parte de dos galifardos chuchasusvidas que se aprovecharon de mi amigo el Gaturro y le embadunaron, por no decir tapearon, todo el rostro con crema de afeitar), salí al final muy contento y agradecido nuevamente por haberme criado en esta ciudad junto a esta gente tan genial.

Lo cierto es que fui a un Booty más, pero ya cuando estaba prohibido de ingerir gota. Caballos, las maltines nomás. Esta segunda ocasión, la cosa se puso de lo más salvaje en la mansión Salas, y ya entre la oscuridad de sus salones era difícil distinguir el grado de salubridad de las siberians. Las cuales, todas más cochinonas y chascosas, no medían la ley del riesgo, e incluso la ley de la gravedad les era poquita cosa. Así fue que una bien tamalona acabó desbordando todos los límites del estrago, al ser hallada en sugestivas poses de domadora de leones, junto al Capu Capurro en un catre de la vivienda (lleno de peluches). ¡Por Dios, que escandelete ojete! Y no faltó rapaz que acusara al ex-pelotero rimense de haberla virlado a la robusta muchancha. Por ahí escuché una voz (que a lo mejor fue mía) pronosticando que esto se acabaría finalmente con la llegada del serenazgo. Entonces el pánico invadió el Booty, y Luchín absolutamente mamado impidió el libre paso de los transeúntes, que salivando como seven-up por el morbo, pugnaban por subir las escaleras.

Abandoné Arequipa los dos últimos meses, y aún así no faltó ocasión en que mi primo el Cebollaz me invitara a un nuevo Bootyfest. Qué va, yo ya estaba muy lejos del epicentro, aunque en mi cabeza no me era complicado imaginar lo que habría de estar ocurriendo en aquellas nuevas orgías. Full hip- hop “hasta que choque el mote”, y desperdigados los toxicómanos que de pura buena onda olfateaban por los rincones, no en vano, en busca de alguna gatúbela con tacos altos para garcharse.

Ahora que he retornado por una semana a mi ciudad, definitivamente no soy el mismo de mi bootydebut. Me indican que la 9na versión (¡pasu macho, que rápido!) se va a realizar en una urbanización, paradójicamente llamada Las Beatas, en Yanahuara. Me llama el Scooby y me explica cómo es. Siendo las 4 de la tarde y habiendo asegurado a medio mundo ya mi presencia, le confieso al Santiaguito que en realidad no tengo muchas ganas de ir. Me guardo mis motivos (aún ahora), ya que son tremendamente más que obvios. Como el cielo esta tronando terrible y la lluvia parece no querer cesar, acompaño a mi mami a recoger a mi hermanito Matías de la jataso de su pata Alex. He estado todo el día trajeado en un intento de pijama, como un zángano grasiento, así que si deseo salir debo cambiarme. Descubro en un rincón de mi ropero un antiguo gorrito de lana que usé diariamente en la época que me raparon para la universidad, me da cierta nostalgia verlo y decido probarmelo. Me lo pongo para salir y mi mami, que tanto me quiere, me dice “ ¡ay, que churro mi hijo!”. Me siento bien con el elogio y con el gorro. El gorro me proporciona un rico pefil bajo y el piropo maternal, la seguridad de la que carezco. Al volver a casa, y después de haber visto una entretenida película mexicana en la tele, decido llamar al Batake para ver si su entusiasmo fiestero logra convencerme. Pues no lo logró del todo, pero como me dice por la línea telefónica “no hay mucho más que hacer hoy día, amigo”. Y tiene razón el gordo. Tiene toda la maldita razón del mundo y es así que accedo. Entonces me voy a bañar, con una hora de adelanto para que al salir de mi guarida el aire no me agarre tan desprevenido y voluble. También escribiré un poco antes para calmar las ansias.

Al culminar con esta línea recta (pero imprecisa)de preparación para el Booty, le pediré dinero a la mami, meteré mi llave en el bolsillo, y sin pensarlo dos veces, cubriré la parte superior de mi cabello, todavía mojado, con el gorrito de lana que tanto gusto me ha dado encontrar. Así, completamentelisto para la acción, digo adiós.

De la casa del Batake zarpamos y no tardamos mucho en llegar a las Beatas. Un departamento abierto, con diferentes y muy bien espaciados ambientes nos espera. Ahí nos dieron la bienvenida Coyotón (al cual agradezco, de paso, su asidua sintonía a este blog), una juvenil dama de belleza incipiente, Diego Pérez, el Chris, el Cebollaz, y cómo no, el dueño de casa, Mr.Paquete. Nos unimos a la conversación y decidí meter mi arsenal de maltines en la refri. Sin quererlo pude divisar también una cuantiosa reserva de bebidas aguardando. Estaban muy bien abastecidos los putas, muy acorde con la situación. La conversación fue típica, me preguntaron por mi verano y yo por el de ellos. El clima. El inicio de clases. Y claro, el porqué de mi repentina aversión al alcohol, a lo que respondí con absoluta sinceridad ya que no me gusta mentir, y así mismo por las ganas inmensas de adivinar cómo reaccionaría la gente ante mi respuesta. Tomo antidepresivos señores, así que hoy no me pidan que pague la cuenta. Fue así que en menos de lo que el Batake terminó de contarme sobre el método de armonización bioenergética al que se ha sometido, llegaron más y más personajes que rápidamente se sumaron al desenfreno que recién comenzaba.

Yo fui espectador de primera fila del Bootyfest Número 9.
Ninguna mujer me dio bola ni tampoco intenté acercármele a alguna. Vi gente bailar, sola y acompañada. Vi a mis dos amigos, Batake y Scooby , caer presos del trago con la velocidad del carro de Meteoro. Saludé a algunas señoritas de mi promoción y le comenté a alguien cuanto me hubiera apetecido darle a una en especial, un vástago. Caminé y me senté en muchos lugares y en muchas posiciones. Estuve parado también, con razón y por las huevas. Vi la efervescencia juvenil en reacciones rápidas y animadísimas. Vi parejas besándose. Vi parejas subiendo a algún cuarto (supongo que para el cache). Vi un baño hecho ruinas. Vi vasos rotos. Vi deseo. Vi frustración caleta. Bailé con una señorita con apellido de insecto, sólo y nada más, para hacerle el favor a un amigo del alma que quería sacar a bailar a otra dama amiga. Me pareció que mi gorrito de lana le quedaba genial a este amigo bailarín y se lo alquilé por el resto de la noche. Rechacé hasta decir basta innumerables ocasiones de recaer en el vicio de la copa. Resistí y hasta ahora me dura el orgullo. Vi a una fémina bebiendo ron de un recipiente con forma de pene. Reí con el Max. Reí con el Gatito. Reí con el Paquete. Reí con el Sccoby. Reí con la famosa Mapi. Reí con el Coyote. Reí con el Bazito. Reí con el Chiris y el Cebollaz. Reí incluso con personas que ya no recuerdo bien quienes eran. Y cuando me cansé de ver, no actuar (porque así soy) y esbozar una sonrisa con gran esfuerzo, decidí largarme del Bootyfest para vagabundear solito por las calles.

Fiestas a las que voy ( parte 2 )

Agradeciendo a Mara, mi hermosa y sexy amiga bonaerense, por haberme escuchado a tan altísimas horas de la madrugada.

que bien
yo vuelvo de una fiesta
a la que fui con unos amigos
pero termine aburriendome
asi que me regrese temprano
pensaba escribir un poco luego de esta fiesta a la que fui
y de la cual he vuelto sin pena ni gloria
y te encuentro conectada
y me abrumas de una linda manera con estos documentales
eso es lo lindo.
es justo lo que necesitaba
no se....
en verdad me han dado ganas de conversar....
no se, yo tengo la maldita costumbre de querer brillar y ser reconocido a donde voy
es un lastre
no se, te vas a reir... pero hoy dia antes de ir a esa fiesta hice un post en mi blog, sobre lo que busco cuando voy a las fiestas...
y nada, busco alcohol, chicas, placer mundano
hoy no obtuve niiiiiiinguno
y no es que me sienta mal
pero recien ahora me estoy acostumbrando a la idea de que uno no siempre destaca a donde va
claro, el alcohol ni lo toco
pero con las chicas es raro
porque quiero que todas vengan a mi, pero yo no hago esfuerzos para dicha misión. Es como que si quisiera que por la magia que irradio se me acercaran. Y cuando eso no ocurre, me decepciono
es curioso, este hecho de haber dejado el alcohol de lado
me esta sirviendo para ver las cosas con mas objetividad
hoy dia estuve en medio de gente absolutamente ebria y divertida, cada cual con su rollo
y yo no tenía muchas ganas de participar
solo quería mirar
... pero tan mal acostumbrado estoy, que en el fondo añoraba que una damicela venga y me bese, jaja
cosa que no ocurrió jamás
y pase un gran rato solo, sin que nadie se me acercara, mientras todos mis amigos andaban divirtiendose.
no queria reir, ni hablar, queria ser honesto
y ya cuando me aburri en exceso, decidi volver a casa
es que no quería hablar
sentía que no tenía que decir
no queria ir y hacer bromas o divertir a la gente
quería estar en silencio y buscar que alguien en silencio viniera y me complaciera
en el silencio
y eso a veces hace que sufra mas de la cuenta...
y sabes que es lo mas gracioso de todo?
que todos los de la fiesta
me decian
" dante, mañana tienes que publicar un post en el que narres la fiesta "
y yo " si, de todas maneras"


*****

viernes, 6 de marzo de 2009

Fiestas a las que voy

Para que sepan que el Buen Amigo no es profeta en su tierra, ni en ningún lado.





Hay fiestas a las que voy, aunque derrepente no quisiera ir. ¿Qué hace que un tipo como yo, que tanto detesta (como ama) que lo miren, acuda a un evento social de fin de semana? Los motivos pueden ser varios, y en algunos casos tan incomprensibles, tan absuuurdos.... que estaría perdiendo el tiempo tratando de enumerarlos. Porque en fín, hay cosas que te mueven a actuar de una manera, y que al final no sabes ni cómo, ni qué. Por eso creo que sería mas propicio el definir que cosa busca uno, o al menos yo, al ir a una fiesta. Yo siempre he ido a una fiesta en busca de mujeres, alcohol en cantidades excesivas, momentos de risa, y distracción de la mas fina sin pensar en nada fijo absolutamente. Pues sí, para mi ir a una fiesta ha sido siempre una gran bocanada de aire entre tanto atareo mental que me esclaviza en la rutina diaria. No se si se los he dicho, pero estoy en una época en la que no quiero pensar mucho. No me quiero devorar libros, ni evaluar tampoco el significado oculto de mis actos. Suficiente ya tengo con estar poseso de mí y de mis complejos las 24 horas del día. Por eso busco vías alternas en las que explotar mi instinto sin culpa. Botar, botar y botar. El sexo era una de esas válvulas, hasta que descubrí que con condón me era difícil ( por no decir imposible) eyacular. Por eso el riesgo de un hijo no deseado (aunque, la verdad me cago de ganas de tener uno) y la vejación del sida, han hecho que descarte por el momento esta riquísima chance de ebullición. Entonces solo me quedan 3 : la soledad, el arte y... las fiestas.
El alcohol me es una gran ayuda para no pensar en las consecuencias de mis meandros. Pero ahora estoy jodido, porque justamente por culpa de mi proyecto de sanidad a largo plazo no puedo consumirlo. Entonces usted dirá, "ah compadre, una fiesta sin chupar no es fiesta". Lo sé, tiene toda la razón, no es la gran cosa observar como los amigos que ingresaron timoratos con uno al antro convulsionado, media hora después ya carcajean cual hienas de la embriaguez. Reconozco que añoro esa sensación. Pero bueno, al asumir mi actual posición me he resignado a no hacerlo.
Yo lo que detesto primeramente de una fiesta es entrar al lugar y tener que saludar al gentío. Odio ver caras, muchísimas caras, muy muy de cerca. Me marea y me pone nervioso y tenso. Prefiero, en el mas digno de los casos, no hablar ( y en el peor, lanzar una pachotada imbecil) y esperar que cómo decía Kurt ("here we are now, entertain us") el interlocutor se anime a llevar las riendas de la plática, del momento compartido y genere un divertido acto de juvenil picardía. Pero qué va, muchas veces eso no sucede.... y me siento jodido.
Yo no dudo de mi carisma, y me quiero bastante en lo que respecta a lo que proyecta el espejo de mí. Sin embargo, me ha pasado cuchucientas mil veces que yendo con la moral al tope y las herramientas "aparentemente" aceitadas para realizar un faenón, he terminado quedandome con las manos vacías, pues al parecer a las muchachitas les importa un pito una llevadera converación basada en temas íntimos, o interesantes anécdotas sobre lo incierto de los rumbos a tomar en esta edad de mierda, y lo único que pretenden conseguir es un macetón bien plantado que las piropee sin perder mas de 5 minutos, y cuando las saque al dancing les introduzca con la brusquedad masculina que buscan, el lenguado a la boquita juniors. Y esto lo sé no sólo por haberlo visto, sino porque me ha pasado que en una ocasión al impacientarme de no llegar a nada y ver bostezar a mi nocturnal acompañante, he recurrido al corrientaso pastiche de la irrupción chabacana cara a cara. Así, aunque parezca mentira he podido ganarme una garantizada contienda de informales ósculos. Así, aunque ni yo me lo crea, he terminado sintiendome un ganador.
Todas las chicas que he conocido me tildan de optimista y se burlan. ¡Qué sería si tuvieran el poder de meterse en mi cabeza, tan sólo una vececita, y descubrir el tsunami de predisposición al fracaso que tengo tan pero taaan parchado!
Desde el momento que salgo del baño, limpiecito y acartonadaso por el jabón, ya comienzan mis disfunciones al ver las miradas pensativas de mi familia en el living a la hora de salir de casa. Ya empiezo a odiar a la gente apenas me imagino que estarán pensando los míos al verme enrumbar todo guapachoso a la gran y fastuosa celebración. Es que me importa mucho mi aspecto y mi actitud, y también, porsupuesto, lo que piensen ellos de mí. Soy un maricón al que le encantan las mujeres, y por más que hoy día salga de caza, dándomelas de rolling stone con mi pelito largo y mis ademanes disforzados... presiento en el fondo que no voy a lograr ni medio.
Y apenas estoy afuera, dandole ahora sí la espalda al hogar, quisiera deshacerme de todo, prescindir de las responsabilidades del momento que me toca, y largarme a donde mas seguro me siento, en mi camita a oscuras y en silencio.
Lástima que ya es muy tarde, arribaré en media ahora a la casa del Batake, y junto a él y al Scooby iremos rumbo a la diversión, caminando por la avenida como 3 jóvenes super afiatados, con la sonrisa bien puesta y a ritmo demoledor.


Loquillo y los Troglodítas - Mis problemas con las mujeres